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Engaño, desidia y podredumbre nacional

Nuevamente, el presidente nos sorprende con otro mensaje limitado, pusilánime y flojo

El 31 de octubre 2019, con bombos y platillos en la misma Presidencia de la República, diría Laurentino Cortizo: ?Yo soy el presidente de la República y represento al Ejecutivo y no voy a permitir que ningún artículo o que nadie, absolutamente nadie, ponga a los panameños, independientemente de color, de sexo, de posición ideológica, a confrontarnos?. Luego añadió: ?Yo estoy aquí por una misión, no estoy para más de lo mismo, los que están aquí conmigo deben tenerlo clarito, incluyendo diputados?.

Palabras que transmitió luego de haber recibido el posteriormente defenestrado proyecto de reformas constitucionales aprobado por la Asamblea Nacional. Vociferó frases lapidarias diciendo: ?Las cosas en este país se van a hacer bien?; que ?las reformas constitucionales se van a hacer en este país como se deben hacer?; que ?aquí nadie va a jugar con Nito Cortizo?, y que ?si quieren ponerme a prueba, que me pongan a prueba?.

Expresiones, por supuesto, que se las llevó el viento, obligado a retirar el paquete de reformas el 23 de diciembre de 2019, frente a la inconformidad generalizada de la ciudadanía. Desde entonces, entregó el bulto constitucional al PNUD para generar un proceso de dialogo, hasta hoy inexistente o al menos desconocido.

A estas alturas ya nadie cree en los mensajes del presidente. Sin un plan coherente de austeridad, ahorro y contención del gasto, las medidas de congelación de precios en el combustible y en algunos alimentos que forman parte de la canasta básica, no servirán para nada. De hecho, esas medidas de austeridad que implementará el gobierno son un chiste. Imagínense suspender salarios que son ilegales, prohibir los viajes cuando no se representa al país o no reembolsar los gastos que no están autorizados. Si no son corruptos, entonces son brutos a la hora de redactar comunicados.

Nuevamente, el presidente nos sorprende con otro mensaje limitado, pusilánime y flojo.

No se atreve a meterse con las dádivas de los diputados, con las botellas de sus planillas, con las exoneraciones de las vacas sagradas, con los viáticos excesivos o con las dietas y consultorías descabelladas. Se dice, porque no lo mencionó en el mensaje, que está cortando gastos de publicidad. Esperemos que incluya esa tanda de videos y audios que, a diario, lo sacan haciendo cualquier tontería. Un presidente que perdió la brújula o, mejor dicho, nunca la tuvo. Que cedió ante su propia bancada partidista, esa que domina la Asamblea Nacional. Que nunca mandó ni ejerció el poder soberano que le otorga nuestro sistema presidencialista, y que solo gobierna para un partido político. Pretendiendo, supuestamente, que los 700 mil adherentes del PRD, comenzando por sus más de 4 mil convencionales, vivan sin trabajar de los fondos del Estado. Perdió toda la credibilidad y la confianza ciudadana (si es que las tuvo).

La realización de un diálogo amerita liderazgo. Pero el país vive una total y absoluta falta de gobernabilidad, con un mandatario incapaz de detener el derroche de fondos públicos en beneficio de sus privilegiados. No hay arrojo si el guía balbucea y su equipo de trabajo titubea. Hace poco, uno de sus ministros dijo que no se podía dar un congelamiento general del combustible, cuanto no todos lo necesitan. Exactamente lo contrario de lo que el presidente ahora permite e informa en cadena nacional. O el otro con la cantaleta de que las planillas solo se pueden pagar con deuda y que la culpa es de las ?leyes especiales?. Pero no hace nada para resolver. No detiene su crecimiento ni presenta una iniciativa para congelar los salarios por leyes especiales, cuando además el aumento de funcionarios en la planilla del Estado no tiene que ver con éstas, sino con su incapacidad y falta de firmeza y de liderazgo para decir: ¡ya no cabe un solo funcionario más! Pero le sigue dando fondos, por ejemplo, a la Asamblea Nacional, para que esta contrate gente por motivos clientelistas. El desenfreno fiscal continuará para beneficiar la estela putrefacta de los gobernantes, en el país de la boda de una princesa, del Macallan de un diputado y del baile de una rectora. La fiesta del chivo en su completo apogeo.

El autor es abogado

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