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El ciudadano desconocido?

No veo monumentos al ?Ciudadano Desconocido? en ninguna parte del mundo y de la historia, no aparece la vergüenza que reclama la congoja del menosprecio a la lucha en la calle por la libertad de generar derecho y justicia derrotando a la violencia “La tarea de una crítica de la violencia puede definirse

como la exposición de la relación de dicha violencia

con el derecho y la justicia”.

Walter Benjamin, en “Crítica de la violencia” , 1920.

Siempre me han llamado poderosamente la atención aquellos monumentos regados por el mundo en honor del “Soldado Desconocido” y, más que los soberbios monumentos, el significado que entrañan estos mausoleos vacíos o que guardan el cuerpo de un ser humano asesinado en una guerra y que nadie sabe a ciencia cierta quien fue. Y me he preguntado también si, efectivamente, reposa un cuerpo malogrado ahí, o es solo humo de bronce pulido de la historia y del recuerdo culpable.

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Inexorablemente la mayoría de los monumentos se acompaña de una llama perpetua o con intensiones de serlo que custodia silente y al aire, al probable despojo.

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Y no importa ¿debería importarlo? que la guerra haya sido justa, injusta, legítima o no; si es que se puede hablar de guerras justas y legítimas, se levanta el homenaje a un caído sea este del bando triunfante o del derrotado.

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Y surge otra duda: ¿se erigen monumentos al soldado desconocido derrotado? Pero, es lo que más nos importa, ¿por qué la necesidad del monumento? Y más ¿solo los soldados anónimos combatientes y caídos en la batalla merecen el monumento con su sempiterna acompañante, la llama eterna? No existen monumentos al pintor desconocido, al poeta, al novelista, al músico, al obrero, malogrados en el ejercicio de su arte y su profesión.

No fueron pocos los poetas inmolados, por mano propia o ajena, en razón de los tormentos de su alma, por ejemplo y además desconocidos, olvidados en el rincón de la memoria amarillenta de la historia que no los contó entre los hijos merecedores de algún anónimo homenaje.

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Pero, fijémonos que esos monumentos comenzaron a aparecer luego de la Primera Guerra Mundial ¿Y los soldados desconocidos de las confrontaciones bélicas previas? No existe recuerdo para ellos, van a engrosar las filas de los poetas y novelistas desaparecidos anónimamente.

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Son como aquellos habitantes absurdos de los círculos del infierno de Dante, sin recuerdo, sin memoria y hasta sin olvido porque no tienen oportunidad de generarlo, pues solo se olvida lo que alguna vez estuvo presente.

Encontré, en días pasados, en una conferencia dictada muy probablemente en 1957 titulada “Labor, trabajo, acción”, una muy precisa reflexión de Hannah Arendt sobre esos monumentos al Soldado Desconocido referente a que dichos monumentos son resultado de una necesidad de ubicar un “alguien” que pueda ser identificable y que, en alguna medida, fuese posible revelarlo al mundo, a la historia, a la memoria en razón de la barbarie de la guerra.

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Es una respuesta a la mirada frontal en el espejo de la vergüenza del fracaso humano que significa la guerra y de sus agentes que, al final del camino, emergen como un “nadie” que inspira al monumento.

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Pero el asunto, no nos olvidemos, se centra en un anónimo ser destruido por hechos que fracasaron en identificarlo y en darlo a conocer a la posteridad.

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Todo el asunto es como aceptar la torpeza en difundir y validar hazañas ciegas y más aun, tratar monumentalmente de recoger la dignidad humana regada como agua en los caminos de los tiempos.

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De esta manera se precisa aceptar el hecho de que donde quiera que seres humanos vivan juntos, está presente una red de relaciones tejidas por acciones y discursos de incontables personas, tanto vivas como muertas.

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Es una trama infinita y que existe y existirá mientras el género humano construya historia.

De ahí podemos pensar entonces, que la vergüenza que lleva de los campos de batallas a la tranquilidad de los monumentos con sus inefables llamas eternas, no tienen una identificación exclusivamente referida a los soldados ello, primordialmente, porque la vergüenza humana no se limita a las batallas y a las guerras.

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Ella, la vergüenza humana, está presente en muy buena parte de aquellas acciones y discursos inherentes al hombre conviviendo y relacionándose con otros en la esfera de lo público por tanto, en el ámbito de lo político.

Siendo esto así ¿alguien lo dudaría? (seguramente), es necesario recordar y traer las vergüenzas más recientes del género homo sapiens ; traerlas al mundo de los hechos próximos de la vida y del devenir que se encuentran definidas por una violencia mordaz que nos mata y nos cuestiona la calidad humana de la que nos ufanamos.

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Es el fracaso práctico del derecho y la justicia como fines y valores de la sociedad emergente, rendidos como tributos al altar de aquella violencia que se enfrenta con un afán recóndito en el ser de nuestros días: el afán de ser ciudadano.

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Es la desvirtud que el autócrata pretende convertir en vergüenza del otro, del ciudadano, para beneficio propio.

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La burla acomodaticia del derecho y la justicia que blasfema del común y se arranca máscaras y vendas y ríe con dientes podridos al jefazo de turno, que roe el estigma de su vergüenza en disfraces de próceres perdidos al pie de los campos donde yacen los desconocidos extraviados.

No veo monumentos al “Ciudadano Desconocido” en ninguna parte del mundo y de la historia, no aparece la vergüenza que reclama la congoja del menosprecio a la lucha en la calle por la libertad de generar derecho y justicia derrotando a la violencia.

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Dónde la llama exigua al pie de una cárcel derruida que albergó la boca muda del pensamiento activo y generoso de un político sepultado en vida sin nombre y sin rostro.

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Dónde la memoria del hijo roto, de la amada paralizada en sus centros, de la madre callada sin sombra.

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Dónde los inmolados ciudadanos anónimos incinerados a los piesde los tiranos de turno; sin señales de luz y llama perpetua, desconocidos luchadores de la memoria social clamando luces y libertad.

¿Dónde pues el monumento y la llama eterna al Ciudadano Desconocido?

Acá, en esta vapuleada Tierra de Gracia podríamos erigir el primero…

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